La anatomía de una buena decisión

El liderazgo y la toma de decisión son dos procesos que acaban por estar, inevitablemente, relacionados. Es esta capacidad de un gerente de tomar buenas decisiones la que le da credibilidad ante los demás y que hace que sus equipos se mantengan con confianza.

En la mayoría de las veces, por más que uno busque la “decisión perfecta”, esta simplemente no existe. Son muy raros los casos en los que una decisión se traduce en un favorecimiento igualitario de las partes involucradas.

Por eso, es necesario, en cualquier decisión, considerar el error como una posibilidad que, como tal, la podemos reconocer y esto deberá formar parte de un buen gerente.

Pero, al final, ¿cómo se puede tener mejores decisiones?

Definir objetivos claros de lo que se pretende lograr es crucial para que los resultados de la decisión sean positivos. Sin saber lo que se pretende alcanzar con la decisión, la elección acabará siendo un mero acto de suerte.

– ¿Qué se ha dejado atrás?

– ¿Esta situación es recurrente?

Las preguntas de este tipo son las que debemos hacernos y saber responder. Definir el contexto por el que vamos a actuar, no solo poniendo en contexto la decisión sino también reduciendo el margen de error.

No toda la información es información relevante

De modo general, decimos que todo es información, pero quien tiende a apoyar sus decisiones bajo estas premisas, tiene más posibilidades de fallar. Saber que existen diferentes estratos de información y, principalmente, reconocer en qué estrato estamos es, sin duda, el principio de una buena decisión.
Es por esta razón que los mejores decisores utilizan la  Jerarquía del Conocimiento como herramienta científica para que les orienten entre opciones disponibles.

“No hay nada más fácil que dar un consejo, ni más difícil que saber darlo” (provérbio)

Hoy en día, la presión sobre la decisión es aplastante. El decisor tiene un espacio temporal cada vez más reducido para validar los posibles resultados.

Asegurar la credibilidad de la fuente y garantizar una gestión eficaz de la información son pequeños trucos a los que cualquier gestor deberá recurrir para acelerar el proceso de decisión. No obstante, este proceso requiere mucha prudencia con los atajos, no siempre el camino más corto es el camino más rápido.

Cómo tomar buenas decisiones en mi negocio

Como hemos visto, los mejores decisores, aquellos que seguimos y creemos, no toman decisiones por milagro. Estos definen criterios claros para sus opciones y subdividen la gran tarea de “tener que decidir” en diferentes etapas.

1.  Tener un conocimiento profundizado sobre la situación actual.

– ¿Por qué estoy tomando esta decisión?

– ¿Quién sentirá las consecuencias de mi decisión?

– ¿Tengo datos analíticos que fundamenten la decisión que voy a tomar?

Alejarse del problema y realizar un breve análisis de contexto ayuda a “mirar” a las diferentes opciones de forma imparcial y realista.

2.  Ponderar siempre el coste vs beneficio

– ¿Los beneficios potenciales de la decisión justifican sus costes?

– Si la decisión resulta ser la equivocada, ¿los costes superan las proyecciones?

– Si los beneficios no llegan a lo que se espera, ¿la decisión se sigue considerando errónea?

Es aquí donde debes “levantar la cabeza” y hacer previsiones. Pondera el alcance e impacto de la decisión, esto ayudará no solo a reducir el margen de error, sino también a prever todos los casos posibles.

3.  Validar la integridad

– ¿La decisión que voy a tomar compromete mi sistema de valores?

– ¿Es una decisión que refleja mi carácter?

Ninguna decisión puede ser un acto vinculante. Si lo es, dejamos de ver otras opciones posibles. Toda decisión debe ser un acto libre y debe ser tomada en consciencia con nuestra integridad.

4.  La hora de la verdad

Muchas veces caemos en el error de buscar incesantemente toda la información que existe sobre el tema. Atención, esta búsqueda desproporcionada puede acabar por desviarse de la oportunidad que tenemos delante.

Reconocer que el tiempo es limitado y que las fechas son absolutamente necesarias para actuar, hace que cualquier decisión más enfocada en los resultados.

5.  Tener un plan B

Las decisiones tienen consecuencias, es cierto. La opción de elegir algo determinado no invalida la necesidad de dejarnos otros “caminos en abierto”. Controlar y analizar los resultados de nuestras decisiones (principalmente en los primeros momentos) nos garantiza mayor flexibilidad de poder ajustarlas a tiempo.

En conclusión, para que tu negocio alcance el crecimiento que tanto buscas, lo primero que tienes que hacer es ponderar la forma en cómo realizar la toma de decisión. Asegurarte de que sigues una metodología eficaz y que la aplicas en tu día a día puede ser la primera de muchas decisiones que tomes.

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